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Carol Dunlop y Julio Cortázar en París, foto de José Alias

Tuve, hace años, una amiga que se llamaba Rosa. Estudiábamos teatro con Alberto Miralles en el TAI, el Taller de Artes Imaginarias, no sé si seguirá existiendo,  y éramos jóvenes. Escandalosamente.
Siempre he tenido mala memoria. Los recuerdos se me van desdibujando, se me borran y acaban por desaparecer como si nunca hubieran existido.

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Aquél mítico París, entonces, luminoso y lejano, inalcanzable donde vivía Cortázar.  El Cortázar larguirucho y delgado, pelo negro y gafas de pasta, oscuras, que hablaba con las erres guturales de un francés.
Me dijo el hermano de Rosa que se carteaba con él. Y que lo había visitado, allí en su casa de la Rue Martel que, años más tarde, yo mismo visitaría también.
Y me enseñó una carta, casi como una reliquia, que venía en uno de aquellos sobres en los que se leía POR AVIÓN -a veces llevaban un avión dibujado- y que tenían un ribete azul y rojo.

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Recuerdo que me quedé pasmado con aquella carta amigable, cariñosa, en la que Julio Cortázar le enviaba  recuerdos, junto a un ejemplar de Deshoras, y le anunciaba su visita a Madrid pocos meses más tarde.

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Me pareció prodigioso poder leer una carta de Cortázar. La constatación cierta y veraz de que realmente existía allí en el lejano París, tan imaginario para mí entonces como él mismo.
Y también Carol Dunlop y su gata, Franelle que, torpe, caía con frecuencia desdel el balcón,  perdiendo abajo alguna de sus vidas.

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Dejé de ver a Rosa poco tiempo más tarde, y a su hermano que, este octubre pasado, me escribió para contarme que había publicado un libro, Tiempo de viajes y rayuelas en el que habla de aquellos años, sus viajes a París, y sus visitas a la Rue Martel, ese edificio en el que hoy, una placa, menciona que allí vivió Cortázar.

cortázar & alias

Un libro con algo de esa mitología generacional, melancólica, salpicado de fotos y de cartas con las que recorremos el París de Cortázar, sus lecturas, sus cenas sin cerveza y aquella edición de una enciclopedia, nunca he sabido cuál, en la que el tomo de la C se cerraba precisamente con su nombre: Cortázar, que se leía en el lomo, como el de una celebridad.

Documentos José Alias044Murió Carol, y murió Julio Cortázar, despues de aquél viaje de ambos por la cosmopista. Y cuenta también cómo fue la mañana, fría, desapacible, de su entierro: el coche fúnebre y esa lápida que hicieron sus amigos, Julio Silva y Luis Tomasello y donde es costumbre dejar piedras, y billetes de metro y dibujos y flores y,  a veces, un libro abierto o un paquete de cerezas.
Me encantó ese pasaje en el que su madre  le dice al llegar a casa que ha llamado Cortázar como si hubiera sido un amigo del portal, un vecino, un compañero de colegio. “Ha llamado Cortázar”.

No he vuelto a ver a Rosa desde entonces. Ni a su hermano, ni esas cartas escritas en papel azul cebolla.
Por cierto que, al final, fue José quien se hizo actor y se dedicó al cine. He entrado hace un rato es su página y he visto esas fotos que tiene, cuando salió en Mortadelo y Filemón, con Bardem o con Sigourney Weaver. Qué envidia!

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Más sobre Tiempo de viajes y rayuelas, AQUI

Más sobre José Alias, AQUI.

Y otras entradas antiguas, también sobre  Cortázar, en este blog, AQUÍ

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4 pensamientos en “Ha llamado Cortázar

  1. Amigo Jesús

    En primer lugar mi agradecimiento por tu extenso y documentado texto a propósito de mi libro Tiempo de Viajes y Rayuelas, que es como decir sobre nuestro querido Julio y, por extensión sobre Carol Dunlop.
    Como muy bien dices es este “un libro con algo de esa mitología generacional, melancólica…” que tanto nos aportó en aquellos tiempos en que balbuceábamos los primeros sentimientos tímidamente adultos y que Julio a través de sus textos, como un espejo magistral, se encargó de ponernos frente a frente, para reconocernos y disfrutar con más claridad de nuestra primera juventud en libertad.Tuve la suerte de recorrer con Julio las calles parisinas de la Rayuela, recalar en algunos cafés y restaurantes que forman parte de la mitología literaria y poética de esa ciudad luz. Las cartas y las fotos dan testimonio de lo que cuento. He procurado que el relato fuera de cuando entonces, más que una memoria que sea como contado en aquel tiempo, no sé si lo habré conseguido pero parece que algo de eso hay por los diversos comentarios que me han ido llegando sobre mi libro. En cualquier caso lo que básicamente he pretendido ha sido rendir un homenaje a Julio y a Carol, los autonautas de la cosmopista, y agradecer su afectuosa y cálida aportación a mi vida que, como la de cualquier hijo de vecino, se alegra con las alegrías y padece con los sufrimientos propios y, a veces, ajenos.

    “ha llamado Cortázar” me dijo una tarde mi madre al volver a casa…una llamada que se ha repetido otra veces a lo largo del tiempo y el espacio… como cuando encontré tu blog y esa entrada que me animó a ponerme en contacto contigo.
    http://jesusmarchamalo.com/2011/06/30/la-casa-de-cortazar/

    buenas salenas cronopio, cronopio
    y un fuerte abrazo:
    josé alias

    http://deviajesyrayuelas.blogspot.com.es/

  2. Un libro entrañable y profundo que no me canso de leer.

    Las dos primeras veces, tan seguidas como si fueran una sola: Llegué a la última página, lo cerré durante unos segundos -pocos- y volví a empezar. Era inevitable.

    Y en lecturas posteriores de estos “viajes y rayuelas”, siempre la misma emoción.

    No sé a los demás pero a mí, después de tantos años, cada día me cuesta mas encontrar un libro al que entregarme con un nudo en la garganta, ese dolorcito tan placentero.

    No me canso de recomendarlo, de decir (a cortazarianos y no cortazarianos pero, sobre todo, a esos cronopios que andan por aquí): “Por favor, leedlo. Ojalá lo disfrutéis tanto como yo”.

    • Conozco este libro desde hace algún tiempo y estoy de acuerdo con lo que dice la Sra. Maribel. Es este un libro que te atrapa y te lleva por la trama con facilidad hasta que termina y parece que en pocas páginas te hubiera contado muchas cosas, como así es. Según mi parecer este es un libro único, un libro distinto o especial, porque sin saber cómo, en su resultado final hay una sensación más allá de lo que cuenta, como una atmósfera, un sentimiento, como, me atrevo a decir, si Cortázar y el Sr. Alias estuvieran escribiendo en paralelo, cada uno según su saber, pero que da como resultado un algo indefinible que es difícil encontrar en una música, una película, un cuadro o un libro como sucede en este. Se me hace raro que no sea un libro más conocido, aunque tal vez por lo que digo, eso sea lo normal. A lo mejor será porque a algunos les hubiera gustado escribir algo así de bueno sobre Cortázar y eso les impide reconocer esa rareza, en el buen sentido, que es el Tiempo de viajes y rayuelas. A mí no me importa decirlo, claro que yo no soy escritor ni parecido. Se lo recomiendo. Un saludo.

      César Bárbaro Sánchez

  3. ya quiero ese libro! se conseguirá fácil en Argentina me imagino, acá somos una masa de cronopios… ya mismo voy a ver lso links que se dejaron en el primer comentario…

    Cortázar es tan ameno como imborrable… salu2…

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